Kaunas (por Jorge Sánchez)
En el año 1981 había visitado los tres países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) cuando aún formaban parte de la hoy extinta Unión Soviética, apuntándome en Barcelona a un viaje programado junto a más turistas españoles, porque viajar por libre por ese enorme país estaba prohibido. Y los tres los volví a visitar en 1996, esta vez en solitario, siendo ya independientes.
En Vilna (Vilnius), la capital de Lituania, estuve varios días gestionando visados para los siguientes países que deseaba conocer (Bielorrusia, Ucrania y Moldavia), así que a la espera de esos visados entre embajada y embajada realizaba excursiones radiales por el país (el castillo de Trakai, Klaipeda, etc.). Y una de estas excursiones me llevó un día entero, de sol a sol, a Kaunas, a apenas 100 kilómetros de distancia de Vilna, o menos de 2 horas en autobús.
Kaunas fue una sorpresa agradable y refrescante. Constituyó la capital de Lituania en los tiempos cuando Vilna pertenecía a Polonia primero, y a Rusia después, lo cual se notaba en lo señorial de sus edificios y palacios románticos del centro, de estilo art déco.
Como su población apenas superaba a la de mi pueblo, Hospitalet de Llobregat, en el noreste de España, la exploré bien durante esas, aproximadamente, 10 horas que pasé en ella. Pude así avistar las casas distinguidas de los antiguos comerciantes alemanes, y pasearme por Laisvės alėja (avenida de la Libertad), que es la calle peatonal más extensa del este de Europa. Y entré en la basílica, vi monasterios y otros cenobios, además del castillo, las iglesias y la catedral del arcángel San Miguel. No me olvidé de cruzar sus dos ríos (Niemen y Neris) por puentes y me comí en un restaurante céntrico un cepelinai, el plato nacional lituano, consistente en un puré de patatas relleno de carne picada y una cuajada, que tiene forma de zepelín (de ahí el nombre de cepelinai) con nata agria por encima.
Al comenzar a oscurecer regresé en autobús a Vilna, donde en un supermercado me proveí de viandas para la cena (dos bocadillos de mortadela más una botella de 1 litro de zumo de naranja), lavé mi ropa sucia en mi albergue y me acosté pronto para agarrar de madrugada un autobús a Minsk (Bielorrusia).