10 valles donde la paz halles
Por definición, un valle es una depresión del terreno por la que generalmente discurre, o ha discurrido en el pasado, una corriente de agua. La mayor parte de los valles, por consiguiente, se han formado debido a la acción erosiva del agua de un río, o de un glaciar, en un proceso que puede durar millones de años. Existen diversos tipos de valles, cuyas formas más características son la de V, propia de un relieve joven atravesado por un curso fluvial, y la de U, habitualmente formado por un glaciar. También los hay con forma de cuna, que presentan un perfil más amplio y suave.
Una característica común a estos últimos suele ser las buenas condiciones que presentan para la práctica de la agricultura, debido a la abundancia de agua y las temperaturas moderadas que experimentan. No es de extrañar, por consiguiente, que algunas de las civilizaciones más desarrolladas de la humanidad, como la egipcia o la mesopotámica, hayan tenido su origen en ellos.
El número de valles existentes en el Planeta Tierra es tan incontable como lo es el de ríos que por ellos circulan o han circulado. Aquí tenéis algunos de ellos, en los que logré experimentar algunos inolvidables momentos de esa paz y tranquilidad tan necesarias en ocasiones para el viajero.
Þingvellir (Islandia): Hablando de civilizaciones y, aunque resulta complicado afirmar que aquí surgió la islandesa, este valle fue la primera sede del Alþingi, parlamento nacional constituido en el siglo X. Forma parte de una fosa tectónica y, puesto que en su interior chocan las placas euroasiática y norteamericana, se puede afirmar que pertenece tanto a Europa como a América.
Valle de Mesopotamia (San Vicente y las Granadinas): No, no, a pesar de su nombre este valle no tiene nada que ver con la civilización mesopotámica de la que hablábamos anteriormente. De hecho, se encuentra en la isla caribeña de San Vicente, a muchos miles de kilómetros de distancia del actual Irak. La razón de su nombre la desconozco, pero de su fertilidad y belleza no tengo duda alguna.
Valle de Ribeira Grande (Cabo Verde): Fértil también es el caboverdiano Valle de Ribeira Grande, localizado en la paradisiaca isla de Santo Antão. Debido a haber sido excavado por el río homónimo sobre un relieve joven, muestra un perfil considerablemente encajonado, de una belleza espectacular. Numerosos cultivos se realizan en su interior, irrigados todos ellos mediante un sistema de levadas.
Valle del Madriu-Perafita-Claror (Andorra): Muy encajonado asimismo resulta el andorrano Valle del Madriu-Perafita-Claror, así llamado por los tres ríos que lo forman. Tiene una característica forma de V y un perfil tan vertiginoso que su desnivel se acerca a los dos mil metros en apenas doce kilómetros de recorrido. A falta de cultivos, se trata de una zona muy valiosa, tanto desde el punto de vista ecológico como desde el paisajístico.
Glendalough (Irlanda): Cambiamos de tercio y nos vamos a Glendalough, literalmente valle de los dos lagos. Localizado en la isla de Irlanda, su origen es glaciar y, como bien dice su nombre, alberga dos lagos, a los que se denomina lago superior y lago inferior. Allí se instaló en el siglo VI el eremita Cóemgen para fundar un monasterio del que todavía se conservan numerosas trazas.
Malbuntal (Liechtenstein): Asimismo glaciar y con una típica forma de U se muestra Malbuntal, ubicado a unos mil seiscientos de altura en la parte alpina de Liechtenstein. En invierno está cubierto de nieve y resulta de interés para la práctica del esquí alpino, mientras que en verano abundan los pastos, utilizados por la población local con fines agrícolas y ganaderos. ¿Buscáis paz? Aquí la encontraréis, os lo aseguro.
Poiana Brașov (Rumanía): La nieve es también la imagen más característica en el invierno de Poiana Brașov, valle ubicado en plenos Cárpatos rumanos. El término poiana se traduce como pradera, lo que da idea de su bucólica imagen veraniega. En invierno la tranquilidad es menor, al albergar una afamada estación de esquí. Está rodeado de montañas cubiertas por bosques de coníferas y no debe descartarse la posibilidad de toparse con algún oso pardo en este agreste entorno.
Wadi Rum (Jordania): En las antípodas en cuanto a aspecto está el jordano Wadi Rum. Bastante conocido debido a su aparición en diversas películas, se trata de un valle desértico que se extiende sobre una vasta superficie a más de mil quinientos metros de altura. Famoso por sus atardeceres, este árido lugar y su vecindad fue el origen de la cultura bedu, pueblo nómada que sigue conservando su forma de vida tradicional, aunque muchos de sus integrantes se han ido sedentarizando con el paso del tiempo.
Valle Superior del Medio Rhin (Alemania): El Rhin discurre plácidamente por las tierras del estado alemán de Renania-Palatinado, donde forma un valle que se prolonga a lo largo de varias decenas de kilómetros. Aunque no presenta la típica forma de V, en algunos puntos el río se encajona y lo bordean rocas de altura considerable. Es el caso del risco Lorelei, muy conectado con la mitología germana debido a una leyenda según la cual una ondina vive allí y seduce a los navegantes con sus cantos.
Haukadalur (Islandia): Y para terminar volvemos a la misteriosa Islandia donde en su parte suroeste se encuentra el valle conocido como Haukadalur, que en la lengua local significa valle de los halcones. Tiene forma de cuna y ocupa una superficie de aproximadamente seis kilómetros de largo por un kilómetro de ancho, caracterizada por su actividad geotermal. En tan pintoresco lugar el viajero hallará la paz y la tranquilidad que busca, tan solo interrumpida de cuando en cuando por los sonidos que producen los géiseres Strokkur y Geysir al erupcionar.